The beatles

The beatles

Cuéntame sobre la historia...

Alice vive en el país de las maravillas, sí, justamente en aquel donde ocurren cosas increíbles. ¿Qué fue lo entretenido de vivir en los 60's? ¿Fue el Rock & Roll, o el LSD? Esta es la pregunta que se realiza la protagonista, y que pretende hacernos conocer. Una chica Neoyorquina, algo problemática, tiene suerte, mucha suerte. Estuvo en el bar indicado, con las personas indicadas. Y esa misma noche conoce a quien no dejará de conocer jamás, un revolucionario enjaulado, Lennon. ¿El sarcasmo de Lennon y el ácido de Alice lograrán mezclarse algún día? Preguntemos a Sadie.

domingo, 9 de marzo de 2014

Capitulo 10 - *Wild Honey Pie*

Hola queridísimas, vengo con capitulo nuevo, ojala les guste <3 hablando de otra cosa... hoy día en la mañana desperté y me encontré con que Polma viene a Chile! *-* y morí, luego resucité, y entonces volví a besar mi celular. 

Pero bueno, poniéndome seria, será la mejor experiencia, ojala todas tengan la posibilidad de ir alguna vez a un concierto del Maestro. Aparte tocará un gran repertorio de The Beatles, ¿Qué mejor? amo a mi papa en estos momentos... Me gusta hablar aquí en estas cosas de arriba de los capítulos ¿Se nota? 
Ya, las quiero un montón! <3 

Pd: es un poquito fuerte el capitulo, traté de ser lo más sutil y no explicita... lo dejo en sus manos, sé que hay menores aquí y cualquiera puede leer esto pero, Paul no me dejó otra opción. 



10


"Qué rayos" pensé. No podía encontrar los acordes correctos, la melodía era aburrida. Había escrito la letra de un futuro éxito inminente, sin embargo me encontraba en un estado de bloqueo frustrante. Tocaba notas sueltas en mi guitarra. Si no sonaba perfecto, entonces simplemente no existía para mí.

-¿Qué tal Paul, ya escribiste la melodía?- George entró sigiloso, respetando mi trabajo. Estaban advertidos sobre las interrupciones, no me agradaban en absoluto.

-Adelante George, no amigo, estoy algo bloqueado-

-Estupendo, porque te tengo un panorama...- George tomó asiento a mi lado. Maldición, resignado dejé la guitarra a un lado. Miré al chico expectante.

-Habla entonces- Dije sin más.

-Bueno, como sabes yo y Amelie nos llevamos bien, y la quiero invitar esta noche, el problema es que me borraré y los nervios me comerán. Ya le pedí a Ringo pero no había nadie que valiese la pena para él, y bueno como tú y Alice...-  ¿Han dicho algo de forma rápida y dificultosa, con la intención de pasar rápido de aquello? Bien, el muchacho ejercía ese método nervioso.

-Ya, ya tranquilo viejo, entiendo, yo le diré a Alice- Dije calmando su lengua ansiosa. Me dio unas palmadas en la espalda en acto de agradecimiento y salió de la habitación dando una mordida a su sándwich, o algo así, nunca sabías que llevaba en la boca. Este chico comía todo el tiempo, nunca entendí como no engordaba. Parecía que su estómago no tenía fondo alguno.

Estábamos esperando a ambas jóvenes en la recepción del hotel. Las luces de los Campos 
Eliseos ya destellaban con su propio brillo, bellísimo. Mark nos esperaba afuera. Otra de las cosas molestas en mi lista, era la impuntualidad. Maldición.

 En ese instante, John entra por la puerta del hotel, con un aire bastante ajetreado, algo cansado. El cuello de su camisa estaba desdoblado, y sus mejillas coloradas.

-¿A dónde van?- Se detuvo en seco frente a nosotros, cuando pensamos en que ni siquiera tendría el ademán de saludar.

-Voy a cenar con mi chica francesa- Respondió George con cierta picardía.

-¿Y Paul que mono pinta ahí?- Me clavó la mirada a mí esta vez.

-Irá con Alice...- La expresión de John fue molesta, inevitablemente.

-Estupendo. Saldré con unos amigos esta noche, no llegaré- Se retiró con paso firme del lugar.

-Ten cuidado con él, te lo digo porque ambos prestan cierta atención demás en esa palomita y... les podrá jugar en contra luego- George se volteó hablando hacia mí. Era muy posible que lo estuviese, su notable reacción.  ¿Celos? Que ridículo, no teníamos dieciocho  años. Qué el mejor hombre gane entonces. 

Entonces bajaron Alice y Amelie. No sé cuál de las dos se veía más guapa, aún lo estoy decidiendo. Me gustan mucho las mujeres, debo aceptarlo… todas, supongo que es un acción que atributé al tener tanta fémina a mi disposición. Saludé a ambas con un beso en la mano.

George era un tipo respetable. Se preocupaba de cada detalle cuando se interesaba en una dama. Cuando llegamos a nuestra reserva, desgraciadamente tuvimos problemas. Nos reconocieron, digamos que sí era posible entrar, pero significaría soportar toda la magia de los paparazzis y los fans. Que cansancio.

-¿Y ahora qué?- Preguntó Alice. Amelie levantó la mirada con una tímida idea en los ojos.

-No lo sé, lo siento mucho...-Respondió George afligido.

-Yo... Bueno yo conozco un lugar, no está integrado de lujos ni cosas por el estilo, pero podemos comer bien- Al fin habló Amelie. Seguimos a la joven por los confines de Paris. 

Llegamos a un barrio en donde los edificios lucían húmedos, los harapos colgaban entre los muros de un edificio a otro, y los perros callejeros divulgaban por ahí. Una especie de parte baja de la metrópolis. La belleza perdida de París.

-Es aquí...- Dijo sonriente, tomando la mano de George. Unas mesas de apariencia veneciana, unas velas coloridas, un escenario con un piano de cola en tonos madera. 

Encantador y acogedor. Saludó a unas mujeres que se encontraban en la cocina, vestían con largos vestidos de colores, un pronunciado escote, y el cabello suelto por los hombros. Poseían unos bellos rasgos faciales, un toque oriental.

 -El restaurant es de mi familia. Aquellas son mis primas, son de origen gitano, así que por favor no digan nada estúpido...- Hablo por lo bajo. Una bella música sonaba, ambientando el lugar, etnico. Asentí junto a los otros dos, y nos sentamos tímidamente en una mesa. Era ciertamente intimidante.

Un vino, unas copas, comida tradicional, solamente me faltaba probar el piano. Las mujeres de la cocina nos miraban cuchicheando, eran bastante guapas ambas. La de cabello claro y piel bronceada me inhibía, hablaba con la otra mujer, quien miraba desvergonzadamente a Harrison. Llegó a ser tan desagradable, hasta el punto en que tuve que hablar.

-Amelie...- Indiqué con un movimiento de ojos.

-Oh, ¿quieres el piano? ¡Claro!- La chica claramente concentrada en George el galán, no entendió el mensaje. Se levantó de su asiento y fue a hablar a la cocina, me miró de vuelta con el pulgar alzado. Alice saltó a la escena.

-Yo voy contigo...- Su sonrisa, cielos, no me resistí. Me levanté y nos acercamos al gran piano. Me senté en este, mientras la chica me miraba maravillada. Comencé a mostrar todos mis encantos, ¿tan atractivo era un músico entonces?

Moonlight Sonata, era la composición de piano más bella que jamás escuché. Tiempos en Liverpool, mi madre, el viejo Jim. Muchos recuerdos vienen a mi mente al interpretarla. Los inicios de una vida, marcan para siempre el resto de ella.

Alice concentrada en el movimiento continuo de mis manos, imaginando una utopía supuse. Una utopía de la escena, caricaturizada… cuando la música te toca, te transporta, y logras sentir esa maravillosa y peculiar sensación. Mis dedos jugando entre las piezas blancas y negras, golpeando fuertemente en cada bajo. Amar lo que haces satisface, yo estaba realizado. La música me había realizado. Estaba en la cima, en todos los top one de las radios, y mi nombre es Paul McCartney. Satisfacción sentí al terminar mis pensamientos y al escuchar los aplausos del público presente, a lo que debo acotar que éramos solamente ambas parejas esa noche.

-¡Algo de The Beatles Paul!- Exclamó Amelie desde los brazos de George.

-Wow, ninguna lleva piano explicito, bien hare lo que pueda...- Una improvisada versión de All My Loving salió de mi cabeza en ese momento. George apoyando la velada con sus coros, sonaba increíble.
Close your eyes and i'll kiss you
Tomorrow i'll miss you, remember i'll always be true...
And i'll send all my loving, to you.


Amelie devolvía el beso de mi amigo gentilmente, al menos a alguien le resultaba la cita ¿no? Me sentí fracasado. Comencé a improvisar simplemente, tratando de parecer indiferente a la chica que me acompañaba.

-¿Te cuento un secreto?- Alice se acercó a mi oído. Moonlight Sonata aún sonaba de fondo en mi cabeza… ¿me estaba volviendo loco? Una y otra vez se repetían las notas en mi cabeza -Robé una botella de reserva- Dijo con su mirada de pequeña traviesa.

-Pero, cariño...- me interrumpió poniendo un dedo sobre mis labios.

-Tranquilo, Amelie me la regaló, pensó que quizás, querrías beber un poco...- Sonrió coquetamente. Pensé unos segundos, medité, tomé un respiro. Punto para Paul.

-Soy un poco idiota borracho Alice... Ya me has visto así- Empezaste a joderlo todo otra vez, estupendo.

-Pues yo te cuidaré. No seas aburrido, y no te preocupes por parecer un caballero de alcurnia conmigo, ¿somos amigos, no?-
Amigos. Esa palabra tronó en mi cabeza una y otra vez. Punto menos para McCartney.

-¿Amigos? Claro- Sonreí buscando con la mirada a George, los malditos nervios.
Salimos del pintoresco lugar. Ni hablar de George y Beaumont, iban completamente en su mundo. Yo iba con una sensación extraña en las entrañas, ¿enserio ocurriría esta noche? Ya, calma McCartney.

El cielo oscuro y Paris con su encanto. Llegamos a los pies del Rio, a orillas de un puente.

-Cierra los ojos Macca- Alice se paró en frente mío con una gran sonrisa. Cerré los ojos siguiendo su juego. -ahora abré...- La bella Alice desplegó mis labios con los suyos, introduciendo algo extraño en mi boca, no, no definitivamente no era un piercing en su lengua.

-¿Quieres matarme con esto Alice?- Saqué la píldora de mi boca y la observé un poco. La música comenzaba a aumentar en intensidad, los bajos retumbaban esta vez en mi cabeza.

-¡Vamos Paul! Diviértete un momento, me salieron gratis estas, vamos solo durará una hora como máximo...- Me abrazó por los hombros tratando de convencerme. No es que fuese gallina pero, no lo sé, las drogas duras eran otra cosa... La hierba es más... Como sea, le di en el gusto. 

Mi corazón comenzó a acelerarse, y todas las imágenes parecían más rápidas, me sentí fuerte. Beethoven quería matarme, ¿Cuándo dejé de tocar? Diablos, ya no estaba el piano frente a mis ojos, ¿Por qué seguía escuchando la melodía?

-Paul, llévame lejos...- La voz de Alice sonó como un susurro distorsionado en mis oídos. George caminaba de la mano con su chica hacia un callejón, iban de la mano simplemente, a dios bien sabe qué. Intenté alcanzarlo, ir por él, pero mis pies no me permitieron lograrlo, ¿mis pies?

Tomé a la chica por la cintura, besé sus labios nuevamente, esta vez más enérgico. Cuando el calor comenzó a entrar a nuestras manos, decidimos hacer lo correcto.

El ascensor del hotel era nuestro. Tocaba sus piernas con necesidad, desde sus rodillas hasta sus delicados muslos. Subí levemente la mano, rozando con las yemas esa tela de especie prohibida. Rodeaba mis caderas con ambas piernas, su vestido se hizo pequeño. Besaba mis labios, presionando en contra mío. ¿Cuando llegamos hasta este punto?

Arregló su vestido, yo mi cabello y salimos del ascensor calmadamente. 

Cuando me percaté de que no había nadie,  la llevé a mi habitación sutilmente. Cerramos la puerta tras nosotros. Alice se sentó en mi cama sonriente, expectante.

-Esto es una locura- Susurró. Saqué mi chaqueta por los hombros y retiré mi corbata. Me acerqué a ella lentamente, ella retiró sus tacones y su abrigo.

Tomé su rostro dulcemente, comencé a depositar besos desde su mejilla hasta sus hombros. Bajé la cremallera de su vestido, Alice depositó una sonrisa satisfactoria en su rostro.

La chica me empujó a la confortable cama, cayendo yo de espalda, rodeo sus piernas en mis 
caderas nuevamente. Solté un pequeño gruñido, su cuerpo contra el mío. Sonrió al encontrar algo inusual en mi pantalón. Los besos no cesaban, se concentraba en mi pecho y abdomen, estaba helado, sus labios eran tan cálidos. Dios ya no aguantaba más. La música llegaba casi al punto final, la melodía sonaba completamente distorsionada, como si hubiesen puesto diez pianos a la vez para interpretarla, me estaba volviendo loco.

En un movimiento brusco cambié de posición. Encontrándome nuevamente entre sus piernas, 
me deshice de toda su ropa, entre caricias. Se quejaba constantemente, de una forma sutil, estremecía a cualquiera, a mí me volvía loco. Comencé a imitar lo que había empezado en mi pecho, pero esta vez recorriendo todo su cuerpo. Su respiración me decía que llegaría pronto.

-Paul, hasme...- Callé sus quejidos comenzando mi trabajo. Realizaba movimientos secuenciados, procurando no hacerle daño. Luego me olvidé simplemente del reglamento y tabúes. Esta mujer era malditamente buena. Cuando llegó al punto máximo, presionó sus manos contra mi espalda baja, gimiendo para mí. Eso bastó para concretar mis deseos también. Beethoven me dejó en paz, la música se calmó.


-0-


Me recosté desnuda a su lado. Difícilmente recordaba cómo llegamos a este lugar. ¿En que estaba pensando?

Se recostó a mi lado con los ojos cerrados, calmando su respiración. Era tan bello, tan simple, no podía ser tan cruel con él. Lo quería, le tomé el cariño suficiente para no querer hacerle daño. Me sentí sucia, desagradable. Era una perra.

-Eres hermosa Alice, necesito...- se recostó hacia mi lado apoyando su cabeza en su brazo derecho -necesito que sepas que, esto no fue solo sexo para mí, yo enserio te quiero pequeña, y quiero hacerte feliz...-

Mierda. Ahora si era la peor persona en el universo. Yo era una simple paloma perdida en la inmensidad. Lo que había ocurrido esa noche fue uno de los mejores momentos de mi vida  de esa índole que logré experimentar alguna vez. Había sido completamente placentero. Paul tenía cierta experiencia, no era un simple neófito. Sabía a lo que iba y como realizarlo... Pero dios, a quien engaño, casi se me escapa un "Lennon" en el máximo momento. Ese hombre tenía mi cabeza echa un caos total.

-Paul, fue increíble... Yo también te quiero- Al decir esto, tomó mi cabeza y depositó un dulce beso. Estiró la ropa de cama y cubrió mi cuerpo, refugiándome del frío de Febrero.

-Quiero que seas mía cariño...- Suspiró abrazando mi abdomen, nuestros cuerpos desnudos aún. -Quiero que seas mi novia...-

El hecho de que alguien se preocupase por mí, era una maldita debilidad. Necesitaba a alguien que me quisiera, que le importara. Fui demasiado débil para McCartney.

-Paul, creo que nos conocemos, pero no lo suficiente y… - Sonrió y depositó un dulce beso en mis labios.

-Simplemente, andemos, estemos juntos, no necesitamos llamarnos novios- Inquirió.

Asentí suavemente, mientras acariciaba dulce mi cabello.

La mañana siguiente salí de la habitación procurando discreción. Paul aún dormía plácidamente, me vestí y caminé hacia la puerta.

 John se encontraba en la puerta de enfrente, despidiendo a unos tres chicos, quienes salían con unas guitarras al hombro y unas botellas de whiski vacías, al parecer la fiesta siguió en ese lugar. Su mirada perpleja, era obvio lo que había ocurrido la noche anterior, además de haber rechazado su invitación y aceptar la de Macca.

Su mirada tenía desprecio, como si fuera una verdadera basura, bueno realmente lo era.

-¿Te jodieron bien jodida verdad? Conseguiste lo que querías- Me sentía terrible.

-Métete en tus propios asuntos Lennon- Comencé a caminar hacia mi habitación con la dignidad por el suelo. Odiaba a ese ser con toda mi alma.
Sonó el teléfono de la habitación. No quería más problemas, ya tenía suficiente. Una voz femenina se escuchó a través del auricular.

-Así que si te enamoraste de un inglés, te dije que nunca llamarías-

-¡Rachel! Eres odiosa, te extraño mucho, tengo tanto que contarte y...- Una voz afeminada me interrumpe.

- ¡Alicia en nunca jamás, te extraño chica! No vuelvas a dejarnos por favor-

-¡Tone! Mi vida, te extraño mucho también- Escuché unos cuchicheos de mis amigos al otro lado del teléfono. -Ya, dile tú, Chelle-

-¿Alice? Escucha, tendremos unas vacaciones en la universidad estos días, unos tipos decidieron tomarse el lugar, estos chicos que empiezan a protestar sobre Vietnam... Como sea, iremos a Londres, ya tenemos todo arreglado, un apartamento arrendado, así que supongo que tus amiguitos famosos tendrán la decencia de dejarte un día con nosotros- Me emocioné con la idea, necesitaba a Rachel cerca.

-¡Es lo mejor que me ha pasado esta semana! Por supuesto que me quedaré con ustedes - Nos dijimos alguna que otra cursilería de amistad, le conté una pincelada de lo que ocurría y colgamos.

Francia solo tenía unos días más de vigencia. The Beatles y su empresa estudiaban la posibilidad de seguir la gira, obviamente estos querían un receso en Londres, y a mí eso es lo que me convenía.


Me recosté. Luego toqué mi cuello suavemente, miré hacia mi pecho, tenía una especie de moretón en el izquierdo, no podía creer lo que había ocurrido. Era la “algo” de Paul... 




Fin. 

No mentiraaaaa, queda mucho aún ajsja me tendrán un buen tiempo más en sus inicios de blogger -risa malévola-.

Dani banana: J't aime, te extraño perra estúpida :( vuelve a miiiii, sé que entras a la U esta semana, ¿O ya entraste?, en fin. Gracias por comentarme <3 te prometo mas participación de Amelie para el prox cap, y ya se viene lo que esperabas -salí yo? :3- Tengo harto que contarte, háblame cuando tengai tiempo <3 

Salma belle: Tienes razón querida, obsesión es como feo, es preferible amor, es más sano. Gracias por comentarme, me animas siempre! aprovecho de pedirte un capitulo :$ jajaja un beso y cariños! <3 y que bueno que te hayan gustado las modificaciones :3

Lucy in the sky con LSD: A mi también me encanta Revolver mujer! es que es hermoso, pero mi preferido es el sgt pepper, tiene un no se qué <3 que lindo que te haya gustado el diseño nuevo! :3 jajajaj THOMAS! ¿cuál es el apellido querida Lucy? debes decírmelo porque yo lo amo y no se como se llama u.u me gusta como canta igual, no sé si es él pero bueno. Un beso para ti también! <3

Y cariños para quien este leyendo esto <3 seguiré escribiendo algo decente para ustedes, que siento que cada vez se pone mas latoso(? pero bueno, mejoré algún día. 


PD: MIREN LO QUE ENCONTRÉ ES LO MEJOR DE LA VIDA. Tienes que mover tu cabeza de lado a lado, y luego mirar la imagen. Después me cuentan que vieron. 






domingo, 2 de marzo de 2014

Capitulo 9 - *Don't Let Me Down*

Hola queridas lectoras! ¿como están? yo aquí un poco triste por que mañana entro a clases, es tan agotador, pero bueno, dicen que hay que empezar el año escolar bien. 

Hice algunas cosas en la página, digamos que la "amononé", ojala les guste <3 encontraba que estaba como aburrido, pocos colores, estuve un buen rato jugando con las herramientas y este fue el resultado. xd
 Generalmente estos personajes andan al rededor de cosas alucinógenas o algo por el estilo, por eso tanta cosa de ese tipo :3 Además que soy una amante de la época Beatle Psicodelica, y quiero ir mostrando eso de a poco en la historia, esa etapa tan linda. El cap es algo cortito, es que hoy será algo particularmente John/Sadie, no podía poner mas por que se perdería la idea. Si les gusta prometo subir, tengo escritas varias cosas mas <3 las quiero y gracias como siempre! <3 son un amor! 






9


Mi cabello lucía desordenado. Los trazos mas largos estaban enredados asquerosamente, siempre odié peinarme, mamá se ocupaba de aquello. No quedaba mucho para que amaneciera y yo yacía en mi habitación, oscura y sombría. La luz que proyectaba    el ventanal tenía un maldito toque melancólico. Empecé a experimentar la nostalgia, a recordar olvidos y a sentir energías ya inertes. Suelo ser muy susceptible todo el tiempo. Maldita sea, aquí vamos de nuevo.

 Siempre supe que el amor es para estúpidos, y solo los débiles se enamoran. Yo jamás caería en esa estupidez, en ese mundo de cursilerías ridículas, una chica como yo no cabía en ese lugar, era muy gruesa para ese puesto.

Unos horribles cuadros colgaban al fondo de la habitación, retratos de personas, que disgusto… quería hierba, necesitaba un poco para relajarme. Abrí una botella de vodka canadiense que mantenía en mi armario y bebí de esta. Dulce ardor… algún día moriría de cirrosis seguramente. Entonces me harté de parecer una borracha devastada, y decidí no seguir con eso. Me vestí, puse mis braseros en su lugar, una falda holgada y algo corta. Con el abrigo de McCartney encima salí a la calle. Olía increíblemente bien igual que él, con todo ese dinero debe comprar un elixir.

Un grupo de Mods borrachos encima de sus lujosos scooters discutían en una esquina. Alcancé a escuchar algo de un pedido que no entregaron, y la policía llegaría luego por ellos. Estúpidos.

El amanecer en una ciudad de este estilo era una especie de bohemia exquisita, la bella ciudad del amor… que ridículo. Entonces, en medio de mi apreciación sobre París, un joven, perteneciente a los Mods se acerca a mí hablando unas palabras en su dialecto que no entendí.
Al principio lo ignoré, pero al parecer era importante, pues insistía.

-No hablo francés, lo siento- El hombre comenzaba a ponerme nerviosa, pues me miraba insistente. Señalaba una bolsa, luego con el dedo indicaba una calle próxima… ¿luego conducía? Que rayos, con esas mímicas no entendería nunca.

Cabe decir que terminé con la bolsa en las manos, la cual aventó encima de mí, mientras corría hacia la calle nombrada. Dos autos policiales doblaron en aquella dirección atrás del joven Mod.
Al principio solo solté la bolsa cayendo esta al piso. Luego pensé… si la policía lo buscaba, debía ser algo alucinante.

No suelo tomar la droga de los demás, Nueva York de pequeña me enseñó que era de mala educación, así que digamos que hice un pequeño préstamo. Caminé unas cuadras más para no ser descubierta, y me escondí en uno de los tantos puentes de la ciudad. Abrí la bolsa como un niño quien no quiere ser descubierto con dulces. ¡Anfetaminas!

Tenía una mina de oro en mis manos. Otra de las cosas que me enseñó Nueva York, es que esas cosas ayudaban a gente como yo significativamente. La última vez alcancé tres días sin ingerir una sola caloría. Esos Mods sabían sobre la vida.

Muchos recuerdos vinieron a mí al consumir la pequeña piedrecilla. Imágenes de Nueva York, días completos sin dormir, noches que parecían días. ¿Qué ocurría con mis amigos por allá? Seguramente yacían en el apartamento de algún desconocido bebiendo hasta borrarse. Extrañaba un poco mi vida, los lujos estaban bien, McCartney estaba bien… pero a quién engaño, yo no sirvo para estas ridiculeces. La gente bonita debería estar al lado de hombres como él.

Mi pulso comenzó a acelerarse, mis manos a sudar un poco, me sentía fuerte. Caminé y caminé a dios sabe dónde. En mi soledad me encuentro a mí misma. El viento golpeaba mi cara, cortándola en finos fragmentos.
El sol sobre mis ojos, los días junto a mis padres, ambos felices. Desayunos en la cama por la mañana en los domingos, olor a tostadas, tocino.

El infeliz se marchó un día viernes. Nueva Jersey era frío antes de navidad, así que salió a buscar leña para la chimenea. Cuando se fue nos dejó a mí a mi madre sin nada entre las manos, sin ninguna explicación ni pretextos. La pobre se marchó también, no quería un mundo cruel al lado de una joven de dieciocho años… tendría muchas responsabilidades. Se ahorcó en el patio de atrás por la mañana. ¿Irónico no? Siempre pensé que yo me iría primero de este mundo.

No la vi alimentarse bien en años. Me convenció de que papá nos había dejado por su peso, por su apariencia, y buscó una mujer joven.

Antes que se fuera, le prometí que dejaría de comer hasta lucir en los huesos, y sería hermosa solo por ella… no fui muy convincente.

Cabe mencionar que traté también con decirle cuanto la amaba, cada día busqué alguna forma de retenerla, pero no fui lo suficientemente importante después de todo. La locura se apoderó de su cabeza, su alma.

Cuando estás sola, aprendes muchas cosas. Por ejemplo que la gente miente la mayoría de las veces, también aprendí que nada es duradero. La gente va y viene, siempre estamos solos.

Yo estaba sola, en una calle de París… y me había perdido. Me acomodé en el borde de una acera y prendí un cigarrillo, si la vida te da limones has limonada, estaba saliendo adelante por una vez en mi vida. Debía sentar cabeza y luego.

-0-

En el respaldo de mí cama apoyaba mis brazos. El aire fresco de la mañana entraba por la ventana, el sol a medio trabajar me parece tan digno, puro. A veces no era suficiente una escena simple para calmar los dolores matutinos, los pensamientos rebuscados entre la basura.

“Mimi, ¿Cómo estará?” Me pregunté. Ayer iba a llamarla pero el trabajo –como siempre- no me dejó. ¿Cómo estará Julia?

Algunas veces me preguntaba si la trataban bien allá arriba. Si le dan su té justo a las cinco como solía beberlo, o si es que juega cartas con los demás. Nunca una mujer había dejado un vacío en mí quien no fuese Julia. La necesitaba algunas veces, por las noches… cuando no podía dormir.

También la necesitaba en el escenario, cuando las bestias venían hacia mí, acechando. La necesité toda una vida, para que luego me la arrancaran.
Estaba solo, todos lo estábamos. Nadie podría cambiar eso, una coraza me abrazaba fuerte, indestructible. 

Un dolor profundo retumbó en mi pecho… me prometí no llorar, prometiste no llorar Lennon.
Cuando estos pensamientos venían a mí de repente, me preguntaba si el amor era una especie de curación. Si quizás mediante el amor, podría salvar lo poco y nada que quedaba de mí, antes de convertirme en una roca sin emociones.

“¿Qué estará haciendo Sadie en este momento?”. Me levanté de la cama, me vestí con la ropa de la noche anterior y salí hacia su habitación. Golpee la puerta una, dos y tres veces. También llamé por su nombre. Nadie abrió.

Me senté afuera de esta apoyando mi cabeza hacia atrás. ¿Quién era Sadie realmente?



-0-
Un cosquilleo molestaba mi mejilla levemente. Aún con los ojos cerrados me pregunté qué es lo que era. Un mosquito revoloteaba mi cara y mi cabello. No vivió para contarlo.

El pasto verde acariciaba mis brazos y piernas, recostada en este lugar parecía una indigente, al parecer en París no se acostumbraba a esto, menos de una señorita. No tenía ni puta idea de donde estaba.
El efecto post-anfetamina me había agotado. Seguramente de esa forma llegué hasta este lugar, estupendo. 

Mis ojos se cruzaron fugazmente con un hombre de ropas haraposas, su cabello lucia aplastado, tal como el pelaje de un perro mojado. Se acercó a mí mientras me ponía de pie dificultosa.

Me lanzó unos insultos supuse, como ya mencioné el francés no se me da. Me echó de el lugar haciendo gestos con las manos. Un poco asustada me salí rápidamente del pasto.

-¡Qué le pasa! Ya está, ya me voy, seguramente esto le pertenece...- Difícilmente me entendió.

-¿La están molestando Madame?- Un típico policía francés se acercaba. ¿Me hablaba a mí? Indiqué mi pecho con mi dedo índice con cara de tonta.

-Oh, no, no se preocupe... Solo defendía su terreno al parecer- Sonreí para parecer tranquila. Arreglé mi abrigo, y como si una maldición cayera a mí, la bolsa en el piso. Lo peor aún no acaba, el contenido se había desparramado por el suelo. ¡Maldición!

-¿Necesita ayuda, toma algún medicamento?- Se acercó con afán de recoger los caramelos. Un escalofrío recorrió mi espalda. "Ahora si la he jodido".

-No, no se preocupe yo...- Ya era demasiado tarde, me habían descubierto -Puedo explicarlo, vea yo sufro de una enfermedad y necesito...-

En un par de minutos me encontraba en la comisaría más central de París. A pesar de todo sonreía, es que afuera el sol brillaba de una manera deslumbrante, y los inviernos soleados eran una debilidad de donde vengo.

Unos muebles viejos, una luz tenue, todo lucía viejo y empolvado. Dos orangutanes se encontraban a mi lado, en un tiempo mas tendría que dar declaraciones y todo el maldito y aburrido asunto.

-¿Puedo llamar a alguien?-

-¿Pardon?- Respondió el comisario, con voz arrogante.

-Hacer una llamada- Hice una mímica -¡Maldición! ocupar el teléfono, que si puedo ocupar el teléfono...-

-Solo tiene una llamada- Me llevaron hasta el teléfono, era de color negro brillante. ¿A quién puedo llamar? Paul me matará...

-Hola, habla Alice Murray, estoy en la habitación 607, ¿podría comunicarme con la 609, por favor?- Una voz femenina me contestó del otro lado.

-Claro señorita, verificaremos su estadía y la comunicaremos de inmediato- Esperé unos segundos. Le dirigí un guiño al policía, esperando que quebrara un poco su expresión. Fue en vano, franceses amargados.

-¿Hola, Alice?- Sonó una voz conocida a través del auricular.

-¡Ringo!, ¿está John por ahí?-

-Está en el baño...- Se escucharon unas risas por detrás.

-¿Quién rayos me molesta ahora? ¿Aló?- 

-¿Lennon? John, me metí en un asunto algo complicado...-

-¿Qué? ¿Sadie eres tú?-

- Sí, imbécil. Escúchame, estoy en la comisaría central de París, no tengo ni puta idea de donde queda, no te puedo dar mas indicaciones, Mark sabrá hacer su trabajo-

-¿Qué? Espera, ¿y la palabra mágica?-

-Por favor, ayúdame- Dije casi en un susurro. Me cargaba pedir cosas a las personas. Suelo ser muy orgullosa. Pero estos eran casos mayores.

-Está bien. ¿Por qué no llamaste a tu novio mejor? Me está mirando con cara de estúpido en este momento...-

-¡No le digas nada a Paul, se enojará!-

-¡Lo ves! Hasta tú lo aceptas ahora...-

-Eres malditamente inmaduro, solo ven y rápido- Colgué antes de que se me agotara la paciencia. Sé que es un poco desatinado, pero hice el intento por que me dieran una píldora, para ¿relajarme? Como sea. No lo hicieron y pensaron que tenía algún grado de adicción. Nada podía ir peor. El tiempo transcurría lento en ese lugar.

-Nos vamos- Llegó el Sr. Lennon con sus famosos anteojos y una boina en su cabello, su flequillo perfecto. Suspiré para mis adentros al verlo.

-¿Qué, no dijeron nada más?- Me levanté del polvoriento asiento.

-Escucha, si no mueves tu trasero fuera de aquí  en dos segundos puede que se arrepientan, y no quiero pensar que gasté mal mi dinero esta mañana-

Asentí rápidamente y caminamos hacia la salida. Volví a guiñarle el ojo al policía, quién ahora me sonrió. El dinero mueve al mundo señores.

Lennon se acercó a un clásico de motocicleta. Me aventó un casco, apoyando su cuerpo en el asiento de esta. Conocía esa expresión.

-¿Acaso nunca has visto una, o ahora dirás que te asusta Sadie?- Le devolví esa coqueta sonrisa y tomé asiento en el puesto delantero.

-Haremos las cosas a mi modo Johnny, tú serás la nena hoy- Hizo un gesto de aceptación y se sentó detrás mío. Pasó sus brazos por mis caderas, abrazándome. Sentirlo tan cerca, era, inexplicable. Cabe decir que tenía cierta experiencia en motocicletas, era una amante de ellas.

-Si vamos a hacerlo, debe ser como en las películas ¿no?- Lo miré hacía atrás. Tenía su cabeza apoyada en mi hombro. Reímos cómplices.

El sol brillaba en nuestras jóvenes cabezas, una música inaudible rondaba en mí. Dicen que cuando eres realmente feliz, sientes mariposas en el pecho. ¿Por qué las sentía en el estomago también?

El cielo azul era complementario. Los secretos de París se enfrentaban a nosotros. Nos detuvimos en un semáforo.

-Sadie, ¿adonde me llevas?-

-A ninguna parte John, a ninguna parte- Aceleré el motor. John se aferró un poco mas a mí. Cuando eres libre, sientes que tu alma se llena de buenos sentimientos. Volábamos en una especie de manta, cuando logras sentir que tu espíritu habla por si solo, y que tus células brincan en lo profundo. Su sonrisa se traspasaba a través de mi cráneo, su energía era aflorante.

La velocidad lograba que la sensación de adrenalina se hiciera presente. Comenzamos a alejarnos de la ciudad, subimos por una carretera adversa.

-¿Ya subimos lo suficiente, no crees?- Me estacioné en una ladera. Hacia la orilla se lograba ver a la altura de donde nos encontrábamos. Bajamos del vehículo.
Caminamos, sin decir ninguna palabra. El chico se sentó sobre una roca que daba hacia el barranco.

-Hace mucho tiempo no me sentía así...- Al decir esto prendió un cigarrillo, me ofreció uno. -Es decir, ya no soy libre-

-Debe ser difícil...- Me senté a su lado.

-Lo es. Aveces mandaría todo por el drenaje Alice, todo. La fama, los beatles, el dinero, las chicas...- hizo una pausa y rió- Las chicas.

-Esa parte no te la creo- Devolví su sonrisa.

-¿Por qué no Sadie, acaso soy muy guapo para dejarlo?- me echó su típica mirada- Es cierto, el sexo esta bien pero... Aveces uno necesita más que eso-

-¿Me estás diciendo que quieres enamorarte?-

-¿Por qué no? Seríamos una linda familia- Reí ante su comentario.

-Claro, nuestros hijos serían unos enfermos mentales...-

-Que chistosa, habla por ti... Tu no me has encontrado en el baño desperdiciando el desayuno...- Mi expresión cambió a seria, tocó un punto que no debió. -Creo que, fue desatinado, perdón-

-No te preocupes, ya me estoy acostumbrando a ti-

Un silencio inundo nuestras bocas.

-Eres muy bella Alice, no entiendo, de verdad-

-Es mejor así, no me gusta cuando las personas preguntan lo que no entienden...-

-Podría entenderte. Sabes, no soy tan imbécil como todos piensan-

-Cállate un rato Lennon- Dije riendo y golpeando su hombro.

Nos recostamos en la roca, cada uno hundido en sus  propios pensamientos. Mi cabeza rozaba la suya, estábamos en dirección contraria recostados.

-Sadie...- Se volteó hacia mí con su nariz afilada -No lo hagas más, por favor-

Sonreí, me causo cierta ternura. Y solo por el hecho de que nadie me lo había pedido explicitamente alguna vez. Cuando nadie se preocupa de tus asuntos, se vuelve algo que puedes aceptar.

-Y tu no me llames más Sadie, es denigrante ¿sabes? Que te recuerden todo el tiempo lo triste que eres-

-¿Eres triste en este momento?-

Negué con la cabeza sonriendo, mirándolo de reojo.

-Sadie... ¿Te parezco un tonto?-

-Ojala que dios me perdone pero... No John, de echo, eres muy inteligente-

-No me refería a eso, hablaba mas bien... Uff, bien, ahora sí. ¿Te agrado?-

-Hay diferentes sentidos en los que puedes agradarme, no te diré en cual lo haces-

-Bien... Yo tampoco- John sonrió y se levantó de la roca.-Ya llevo mucho fuera de la jungla, espero me perdone damisela-

-No vuelvas a hablarme así en tu vida por que vomitaré-

-¿No necesitas comer primero entonces?- Volví a golpear su hombro, pero esta vez mas intenso. Subió esta vez en el asiento delantero y me posicione en su trasera. -Puedes abrazarme también, no te preocupes- Yo ya estaba amarrada a su espalda.

Estábamos apunto de separarnos de habitación, pero John rompió el esquema.

-Hoy día, estaré libre a la noche...- Sonaba levemente nervioso, si no lo conociera no lo hubiese notado -¿Te gustaría ir a cenar conmigo?

-Es que, estoy un poco enferma del estomago y...-


-Está bien, no te preocupes- Sonrió y cerró la puerta tras su espalda. Que tonta.





¡Ya bellas! quería subir antes de ir a dormir, mañana será un laaaargo dia para mi :( pero me hace feliz leer sus comentarios, y ver que mi escape de la realidad es leído por chicas como ustedes <3 Que lindas, yo tampoco tengo un beatle favorito. Sí, acepto que estoy UN POQUITO obsesionada con Lennon, tengo un pequeño problemita :c jajajja pero The Beatles, es The Beatles, y cada uno de ellos pone un pedazo para ser la mejor banda de la historia! no? igual que ustedes de este fic, aww <3 jajajaja no, de verdad. 

Gracias por leerme <3 un beso y un abrazo! y un saludito a lucy harrison que se unió hace poquito! jiji bienvenida, y a todas las demás por supuesto :3 las quiero! gracias por comentar. <3