The beatles

The beatles

Cuéntame sobre la historia...

Alice vive en el país de las maravillas, sí, justamente en aquel donde ocurren cosas increíbles. ¿Qué fue lo entretenido de vivir en los 60's? ¿Fue el Rock & Roll, o el LSD? Esta es la pregunta que se realiza la protagonista, y que pretende hacernos conocer. Una chica Neoyorquina, algo problemática, tiene suerte, mucha suerte. Estuvo en el bar indicado, con las personas indicadas. Y esa misma noche conoce a quien no dejará de conocer jamás, un revolucionario enjaulado, Lennon. ¿El sarcasmo de Lennon y el ácido de Alice lograrán mezclarse algún día? Preguntemos a Sadie.

martes, 15 de abril de 2014

Capítulo 14 - *You Won't See Me*

Hola bellas, Cata subiendo, como pueden ver. Muchas gracias por leer <3 ¡son las mejores del universo! espero les agrade el capítulo. Sadie muere en este capítulo... 

jajajaja ¡Es una broma! y tu piensas, si Cata, que chistosa (? parece que no nací con el don, pero bueno bellas. Esto fue el resultado de un par de noches de desvelo, y uno que otro viaje desde mi casa hasta el colegio, sí :( necesito más tiempo libre. 

14



¿Sadie?

Abrí los ojos asustada. Juré haber sentido su pesarosa presencia, sus agiles ojos sobre mí, la sonrisa de idiota que siempre lleva y su voz poderosa.

Me levanté del suelo con dificultad, arreglando la falda negra. Camine unos pasos fuera del baño, tomando todas las fuerzas que pude, desde lo más ínfimo.

Limpie mis tristes ojos y extrañamente... Sonreí. Lo hice como si fuese la primera vez, como quien saborea un delicioso manjar, o quien respira la brisa fresca del alba luego de una noche incontenible.

Sonreí como si estuviese contenta... Lo hice con decisión, pero con cordura. Sin abusar de los externos positivos, nunca abuso de ellos, más bien me privo, así cuando tengo un día de mierda no me quejo de caídas interminables.

Después, cuando ya había repetido la situación en mi cabeza, unas cuantas veces para acostumbrarme al proceso, sonreí por él.

Sonreí por su sonrisa, lo hice por sus labios... Su preciosa forma de mirarme. Me hace sentir seguridad, confiar en situaciones ridículas que sé que no viviré... Pero el, logra que guarde ilusiones, de que quizás, en algún momento de nuestras vidas hipócritas podamos, ¿sonreírnos?

Lo veo en todas partes y en cada momento incoherente de mis días. Y me hace feliz, me hace feliz el hecho de verlo, en mis profundos paralelos.

Sostuve un mechón de cabello mientras miraba mi receloso rostro en el reflejo del espejo. Lo pase por detrás mis orejas. Y en ese momento supe que sonreí por él, por nada más ni nada menos, el chico de las gafas y la guitarra afilada en su esplendor, ese maldito codiciado por todas esas... Dios, ya no puedo, no puedo seguir de esta forma.

Quizás me enamoré muy pronto...

-¿Sadie?

-"¿Qué mierda, por qué esto me ocurre a mí?, déjame tranquila de una vez, no puedo creer que te aparezcas así, como si nada me pasara... Déjame tranquila de una vez por todas".- Hablaba por lo bajo.

-¿Estás bien?

El chico estaba apoyado en el marco de la puerta, con la mirada confundida. Ahora sí, la he jodido completamente. Su nariz puntiaguda y alargada me apuntaba.

Me quede estupefacta frente a él, con ojos de plato y expresión de psicópata.
Simplemente atine a empujar su supuesta imagen, aventarlo fuera de aquí. Un frio recorrió todo mi cuerpo terminando en mis manos, podía sentir su pecho al sostenerlo para aventarlo lejos de mí. Un sentimiento de terror me inundo, "¿qué me pasa".

-¡Alice! Está bien, soy solo yo, ¿qué mierda te ocurre, me puedes decir que te hice para que me trates así?

-Paul...

-No lo sé, enserio no te entiendo... ¿Cómo pides que desaparezca de tu vida? Alice...

En ese momento ya había roto en llanto sobre sus brazos. Un llanto desesperado, entrecortado, estaba aterrorizado. El joven acariciaba mi cabello.

 Su olor me reconforta muchas veces, me entrega indicios de paz. El aroma que brotaba me recordaba a un imbécil que se marchó, el esposo de mi amada madre. Sin embargo me hace sentir segura, fuera de peligro. 

Me abrace fuerte hacia su cuerpo.

-¿Alice? Ahora dime, ¿qué pasa?

Miré el rostro de John, mientras acariciaba sus suaves manos... "¿John? Mierda, algo está mal aquí".
Entonces dejé de llorar, de lagrimear como imbécil, y abrí los ojos redondos. Impuse una sonrisa perturbadora sobre mis labios, mientras Paul seguramente se preguntaba en que mierda pensaba cuando decidió traerme hasta aquí con él.

-Oh, vamos, deja de jugar... No he tenido un día muy bueno, no estoy para estupideces Alice, por favor, ya no eres una niña ¿podrías dejarlo simplemente y decirme que pasa?

Paul comenzaba a perder la paciencia

-Quiero ir con Rachel...

Dije casi inaudible.

-¿Qué?

-Quiero ir con Rachel...

Mierda, estaba enojado, complemente molesto. Odiaba las cosas que hacía, porque simplemente no las entendía, ni siquiera yo era capaz de hacerlo.

-Bien, iremos con ella. No te preocupes.

El me abrazó aún más fuerte, entregándome todo su calor. "¿Qué diablos ocurre conmigo"
Arribamos en la berma del hotel de los chicos. Paul mantenía las manos en el manubrio, con la vista rígida hacía en frente.

-¿Llegarás hoy?

Me preguntó

-No sé.

Frunció sus labios, lamentándose. Cambio la vista hacia mí, queriendo decir algo a través de ellos.

-Bueno, yo estaré en casa temprano... En casa grande, estaremos todos allí esta noche, celebraremos algo... Por si quieres venir.

Asentí con una media sonrisa, besé su mejilla y salí del auto. "Casa grande" debía ser el hogar Beatle, o algo así. Estas personas con dinero suelen poner sobrenombres a sus viviendas.

Arranqué rápidamente de ese lugar, me incomodaba que Paul me mirara de esa forma: Comenzaba a creer que nada estaba bien, que me estaba volviendo abruptamente inversa.

Toqué la puerta de la habitación tres veces. Frente a mis ojos se encontraba un pasillo oscuro y frio, melodramático. Un olor a humedad brotaba desde del gastado papel comural que forraba las paredes, con un diseño floral bastante anacrónico.

Tony abrió la puerta de la habitación.

-Creíamos que ya no venías preciosa... he aquí tu recompensa, disfrútala- Alzó una copa con contenido de alcohol dentro de ella, brindando por mi llegada. Un exquisito aroma a tabaco de vainilla y a pastelillos de chocolate inundaba la habitación.

La rubia se percató de mi expresión, la cual desgraciadamente, conocía perfectamente.

-¿Todo bien?

-Perfectamente- Hubo una pausa -¡Bien! celebremos su llegada.

Una, dos, tres, seis vasos de vodka de naranja. Todo era color rosa allí dentro, la risa del chico amanerado se escuchaban hasta el primer piso del "hotel", dejando a la imaginación de las personas que transitan afuera muchas cosas.

-Ahora, ¡mueve esas caderas chica!- Inquirí patéticamente, mientras meneábamos la cintura en torno a los Stones, a todo volumen por supuesto. Una radio bastante polvorosa venía en el paquete, el "kit" del hotel. 
Cabe mencionar, que con suerte el baño poseía papel higiénico.

Rachel reía descontroladamente, meneándose hacia los lados. Tratando de mantenerse en pie mientras danzaba ridículamente. ¡Que borracha era esta chica!

-Alice, no hagas eso jamás otra vez, por favor, por el bien de la humanidad.

Caí sobre el sillón desgastado, de color beige desteñido. Di un resoplido, tomando un poco de aire.

-¿Y si vamos a Casa Grande?- Recordé lo que Paul había mencionado.

-¿Qué rayos es Casa Grande?- Preguntó el joven, tratando de parecer sobrio.

-La casa Beatle, supongo...- Ambos me dirigieron una mirada indescifrable.

-Pues... quizás no nos aceptan, y nos sacan a patas... no sé Alice, no deberíamos asistir a donde no nos quieren.

Jamás hago caso a las advertencias. Mark se encontraba esperando fuera del hotelucho de cuarta. Rachel retocó su típico peinado rubio con cardado, yo mi cabello oscuro con ondas, y bueno Tony... Tone quería lucir Mod, dejaba su cabello largo.

El rock & roll se escuchaba desde fuera del gran portón, el cual no dejaba ver ningún detalle de la mansión. 

Los chicos tenían una fiesta, y al parecer en grande... "claro, me va a tirar donde mi amiga, y el sale de farra, eres increíble McCartney".

Mark habla con uno de los guardias, al otro lado del gran portón. La persona asiente por radio, y libera la entrada.

Los tres nos caímos de espalda al ver lo que teníamos frente a nuestros ojos. Unos cinco pisos de alto, con ventanales gigantes al típico estilo inglés. "¡Estos viven en un castillo!.

-Sencillos...- Inquirió Tone, ambos sonreímos con cierta astucia y complicidad. Parecía ser una noche estupenda para hacer alguna de nuestras estupideces.

Caminamos hacia adentro del hogar Beatle, el cual estaba repleto de personas. Gente que por supuesto, jamás había visto en mi maldita vida. Bebían y comían bocados finos, mientras la música era reproducida por unos parlantes gigantescos, los cuales se escuchaban por todo el "castillo".

Comencé a sentirme mal otra vez, yo no calzaba en este lugar, con todas esas chicas elegantes... esos vestidos hermosos, esos cardados perfectos y flequillos a la moda. Empecé a caer en cuenta en que quizás jamás debí venir.  La música de The Supremes era danzada por un grupo de personas en medio de una pista de baile improvisada.

No distinguía a nadie en esa gran masa de personas, me sentí completamente fuera de lugar, tristemente agobiada. Volví a  mirar a mí al rededor, Rachel estaba completamente borracha junto a Tone, bailaban animadamente, hablando ridiculeces, felices, como siempre. "¿Por qué yo no puedo sentirme así?" pensé con una gota gorda de angustia.

Caminé por un pasillo largo, escapando de la multitud. Más allá de las luces encendidas, a la derecha, había otro pasillo, lleno de puertas misteriosas. Dude por unos segundos, y luego decidí arriesgarme a lo que ocurriera, una sensación de adrenalina mesclada con una pisca de miedo a lo desconocido. Caminé por el oscuro y amplio pasadizo, dejando atrás el ruido y la música.

Me detuve en frente de una puerta de madera barnizada, con manilla de color verde petróleo. Miré a ambos lados por última vez, "no hay muros en la costa".

Deslicé mis dedos por la manilla redonda, abriendo lentamente la puerta, casi imperceptible. Asomé un ojo por un agujero entre la puerta y la pared, encontrándome con una escena bastante desagradable. Una pareja intimidando, mierda.

Salí rápidamente, tratando de olvidar la traumante imagen frente a mis ojos. "¿Y si era alguno de los chicos?", me aterrorizo la idea. Seguí mi camino por el oscuro pasillo, había por lo menos unas cuatro puertas a cada lado. Una puerta media abierta llamó mi atención, "Yo y mi maldita curiosidad".
Entré por la puerta, deslizándome lentamente, para no ser descubierta. Una vez adentro, me sentí segura, solo hasta que trabé la puerta con pestillo, para que así no entrara otro curioso como yo, o aún peor, un ladrón.

Miré al rededor mío, y me encontré con una bella habitación en blanco. Fantásticamente en blanco destellante, cada parte y objeto de la habitación era de color blanco. La cama era perfectamente redonda, y poseía la misma ausencia de color.

Caminé un poco más, inspeccionando me preciosa hazaña. Una lámpara de cristal brillaba al fondo, toqué los vidrios con la punta de los dedos, haciéndolos sonar. Una chimenea de color blanco, tallado en piedra, poseía distintos cuadros. Puse mis lentes de contacto sobre mis ojos rápidamente, y comencé a analizar las fotografías.

Cuando descubrí donde me encontraba, simplemente quedé sin aliento.
Era su habitación, estaba en la habitación de Lennon, y completamente sola. Las millones de posibilidades pasaron fugazmente por mi mente, la emoción se apoderó de mí. ¡Sus cosas!, estaba en el paraíso.

Abrí un gran armario, con miles de cajones, con mucha ropa dentro de ellos. Hurguetee entre sus chaquetas de tela, esas preciosas que ocupa cuando sale de concierto. Las acerqué a mi nariz para aspirar su exquisito aroma, inhalando como mejor sabía hacer. Me puse una de ellas, una de color negro, que juré haberla visto en alguna película antes. Me imaginé que aquella eran sus brazos, abrazándome fuertemente.

Entonces levanté la vista, con una gran sonrisa entre mis labios, y encontré su perfume, "¡Dios, su perfume!", comencé a rosearme en todo el cuerpo; en el pecho, el cuello, y el cabello, para así sentirlo cerca cada vez que esté lejos. "Este es el mejor día de mi corta vida...".

Entonces recurrí a lo que pensé desde un principio, recostarme en su cama. Abrí rápidamente las telas y me cubrí con ellas, sintiendo las suaves sabanas bajo mis pies. Estaba tan complacida, con sus cosas, su olor. "Cerré mis ojos y juré escuchar su vos, su vos hablándome de cerca, preguntándome que hacia... ¿Qué?"

-¿¡Quién mierda eres, y que haces en mi cama!?

John estaba con el torso completamente desnudo, con el cabello mojado, cubriendo su cuerpo simplemente con una toalla blanca. Sostenía un bate de béisbol entre sus manos, para defenderse de lo que fuera. Me asusté, y cubrí mi cara rápidamente.

-Sal de inmediato, llamaré a la policía...- Comenzó a caminar rápidamente hasta la puerta que daba al pasillo. Me percaté que había otra puerta más dentro de la habitación, un luminoso baño.

-¡No!- Grité levantándome de golpe, sin permitir que viese mi rostro.

-¿Con que una chica?...- Se detuvo mirando el bulto que se cubría la cara con una de las frazadas.

Me quedé en silencio, completamente paralizada, ¿Qué rayos iba a hacer ahora?

-Bien... veamos, ¿Anna?- Negué rápidamente con la cabeza. "¿Quién rayos es Anna, le partiré la cabeza si es que..." El joven interrumpió mi pensamiento. - ¡Oh ya sé! ¿Stefi? la del otro día... ¿Sephora?- "Rayos, tiene más conquistas que mi padre". - Oh bien... ¿eres Ashlee, Roadie, Penny?... oh vamos, ya sácate esa cortina de la cabeza-.

Volvía a negar de lado a lado, no dejaría que me viera por nada del mundo, no podría aceptar mi derrota tan fácilmente.

-Bien, tendré que descubrirlo por mí mismo...- Sentí como se acercaba peligrosamente hacia mí. Entonces comencé a correr por la habitación, sin ver absolutamente nada, y cabe recalcar que aún el alcohol hacía efecto en mi cabeza. El chico me perseguía de una forma bastante más inteligente. Entonces me alcanzó el brazo, y tropecé sobre las sabanas con la cara directo al suelo, gloriosa.

John rio un buen rato, mientras yo solo me encontraba con la cara pegada al piso, dispuesta a quedarme allí todo el tiempo que fuese posible. Humillación, nivel dios.

-Esto es increíble, y ahora te quedarás en el piso... vamos, levántate- Dijo entre risas.

Mi cabeza ladeada aguantaba una risa estúpida que salía de mis labios, no sé si de vergüenza, o por lo que había hecho, o simplemente porque me descubrió... con su chaqueta, su perfume y entre sus sabanas íntimas.

El joven se recostó de estómago en la misma posición que me encontraba, ladeando su cabeza de la misma manera.

-Hola Sadie- Expresó sonriente. Cielos, esa sonrisa, me hiso sonrojar en un segundo.
-¿Qué hay John?- Dije con cara de pequeña la cual es descubierta haciendo alguna travesura.

-No lo sé, eso mismo me pregunto yo...-
Nos quedamos en esa ridícula posición, observándonos. Admirando cada facción de nuestros rostros, sintiendo débilmente la respiración del otro. Cabe decir que, fueron unos diez segundos, luego se levantó del piso, con astucia, y me ayudó a ponerme de pie.

-¿Y bien, a ti no te enseñaron a pedir prestadas las cosas?... es decir, sé que la chaqueta es linda pero, pudiste pedirla... mi perfume también te asienta, para que lo tengas presente.

"Mierda, mierda, mierda, Lennon imbécil"

-Ya, déjalo, solo era un juego.

Reía burlescamente de mí y mi cara de enojada, para rematar, más bien, frustrada. El plan no había resultado.

-¿Cuál será el día en que me trates como a cualquier mortal Sadie?, no entiendo cuál es el daño que te he hecho...- Mi rostro lucía apenado, pero la oscuridad de la habitación difuminaba mis coloradas mejillas.

Tenía razón de todas formas, pero no podía ocultar lo que ocurría de otra manera.

-Me encanta eso de ti, de todas formas.

Mi corazón dio un vuelvo tremendo, como si hubiese salido corriendo de mi pecho, y vuelto con una caja de chocolates.

Esquivaba su mirada a toda cosa, no sería capaz de soportarla.

-Sadie... ¿Por qué estabas haciendo todas esas cosas?- Me preguntó con su vos suave, aquella que no se presta para el sarcasmo, esa dulce, como la de un pequeño. Sonreí dulcemente.

-Nada, solo...- "¿Qué rayos le digo, que me encanta y quería sentirlo cerca? ¡Ja!".

-No, no, ¿Sabes qué?, no digas nada, simplemente...- Se acercó hacia mi rostro unos centímetros, descolocándome por completo. ¿Enserio esto estaba ocurriéndome? que John estuviese a centímetros de...-Solo, te la presto, hasta que se te pase el frio, ¿verdad?-

Mi cara de desilusión no sé si fue notoria, espero que no se haya percatado de mi decepción. Entonces miro hacia el pasillo, la ventana abierta, por donde entraba toda la contaminación acústica, quería escapar, rápidamente.

Me alejé de él abruptamente, dejándolo perplejo, estabilizado en el mismo lugar.

-Vamos afuera...-

-No quiero ir aún, estaba aburrido allí, siempre es lo mismo. Un par de tragos, unas chicas, algo de música… paso- Se sentó sobre su cama.

-Entonces, supongo que podría hacerte compañía- "Deja de hablar en este mismo instante".

-¿Por qué debería aceptar?- Me desconcerté, mi orgullo se iba en picada pero...-¡Me encantaría, damisela!

-Dios, te dije una vez que así no John, no conmigo- Al decir esto, con su mano desordenó mi cabellos de lado a lado. ¡Como si fuese un perro, o algo por el estilo! “Ya, deja de pensar tanto Alice, a este no le interesas”.

Rió de mi expresión y recostó su cabeza hacia la almohada. Después de un par de minutos de hablar estupideces, el chico apoyó su cabeza sobre sus brazos, indicándome un lugar sobre su pecho. Por supuesto, no acepté, pero me recosté en la almohada de al lado. Al fin estaba cerca de él, y les juro que sonreí como enferma, sonreí enserio.


-0-


-Está bien Sr. Primes, sabe que cuenta con nosotros para todo- Respondí diplomáticamente, guiñándole un ojo a Ringo.

-Me parece, mi elemental. Sabe que The Beatles son gran apuesta para nosotros, y pensamos invertir mucho dinero si es que están dispuestos…-

-Es bueno saberlo Primes, hablaremos con los otros dos y le informaremos inmediato- Terminó Rich. El hombre se alejó, dejando a los músicos solos en un sillón, entre el bullicio de la gente.

-¿Escuchaste? Una película Paul… ¿pero crees que no fue suficiente con la primera?

-Yo pienso que si la cuerda nos da, fácilmente podríamos y…- Me detuve, mirando la cara de asombro de Ringo -¿Qué sucede?

-Amelie… ¿Es ella verdad? La chica del cabello largo y rapado, ¿Cuándo se lo ha teñido y cuando creció tanto?-  Decía el joven impresionado.

-Oh vamos Ringo, dime que jamás te fijaste, usa una peluca-

-Lo siento por no ser como usted, “elemental”- Respondió burlándose. Entonces persistí observando a Amelie. Su belleza era tan especial, me encantaba la forma en que sonreí a George, la forma en que tomaba su mano. Al pensar en esto, recordé a Alice y la discusión de hoy, sinceramente sin nada en concreto, pues no entendía que es lo que le ocurría simplemente. “Quizás John si tenía razón, y no era lo que parecía”. 

Luego me arrepentí de esto, no podía ser tan imbécil con ella.

-Amigo… ¿crees que deberíamos?- Ringo me saco de mis pensamientos. La chica lloraba entre sus manos, tratando de disimular las lágrimas con una sonrisa, agitando su mano de lado a lado.

-Sí, deberíamos. Pero déjamelo a mí…-

Me acerqué con mi apuesta de galán entre las manos. Con una sonrisa “perfecta”… bueno, eso es lo que cuenta la leyenda. La chica sonreía, evadiendo la tristeza.

-¡Amelie! Amour, ¿Qué pasa?-  Pregunté sentándome a su lado, un acento francés ridículo.

-Paul, oh no… no es nada, solo me sentí un poco mal, eso es todo- Sonrió, limpiando sus ojos.

-Oh no… a mí no me engañarás, puedes confiar en mí. Sé que soy una persona  lejana algunas veces, pero soy muy buen compañero, puedo escuchar dos horas de problemas seguidas… créeme tengo cierta experiencia- Mencioné, señalando a George con la vista.

Amelie sonrió a mi comentario.

-No te preocupes Macca, son tonterías. Hey, Le Monde me pidió un nuevo artículo, pero esta vez sobre ti, así que tenemos mucho trabajo, si es que aceptas por supuesto- Inquirió, evadiendo el tema. Mientras observaba con cierta nostalgia a Harrison.

Simplemente asentí, encantado de trabajar con ella. La chica sonrió, y se despidió de un beso en la mejilla, subió las escaleras… a su habitación supuse. Observé como George apreciaba la escena reciente, y lucía un rostro bastante serio.

La noche fue increíble, por no decir que duró hasta las ocho de la mañana. Todo el mundo se fue alegremente, incluso nuestros enemigos. Cuando me dirigí a dejar a la última persona del salón, me encontré con la bella Amelie dentro de un abrigo hasta las rodillas, y un par de maletas con ruedas a su lado. Llevaba un sombrero simpático, parecido a una boina, y una sonrisa triste.

-¿A dónde vas?-  Pregunté preocupado.

-No quería irme de esta manera, lo siento. Estoy muy agradecida de todo lo que han hecho por mí estás semanas, han sido muy amables. Vuelvo a París Paul, ya no tengo nada que hacer en esta ciudad- Terminó mirando por la ventana, comenzaba a helar, los arboles estaban llenos de rocío.

-Oh no señorita, tú no te vas a ninguna parte sin explicarme que ocurre…- Tomé de su brazo, acercándola adentro de la casa.

-Paul, mi tren sale dentro de media hora, no tengo mucho tiempo.

-Bien, solo necesito veinte, ¿Qué dices?- Sonreí, haciendo cambiar su expresión por una divertidamente hermosa.

-Te escucho McCartney.

Como dos cómplices, tomamos asiento en el sillón del salón principal. Hablamos de tantas cosas, de tantas anécdotas, de tantos problemas. Entonces cuando miré el reloj, eran las nueve de la mañana.

El sol ya se encontraba visible, y las persianas no eran capaces de soportar su luz.

-…Nadie puede discutir que soy el Beatle listo-

-¿Por qué? Bueno, sé que es imposible que John lo sea, pero…- Interrumpió entre risas.

Le entregué un reloj de muñeca que solía llevar. Era el objeto más importante que guardaba de mi madre. Antes que Mary partiera, un día frió de estos comunes en Liverpool, me vio devastado porque mi chica me había abandonado.

Entonces susurró unas palabras, unas ciertas palabras famosas. Simplemente decían que debía dejarlo, que las cosas mejorarían, que necesitaba tiempo, el tiempo que aún no aprendía a controlar.

Luego, para mi cumpleaños de ese mismo año, me obsequió un reloj. Claro, en ese momento no sabía lo que en verdad significaba, a mi madre siempre le gustó dejarme desconcertado, dios. Cuando ella murió, entendí el significado… y escribí esta canción.


La chica sonrió dulcemente. George era un imbécil por hacerla llorar. Entonces juré, que nadie le haría daño, jamás.


                                               

¡Y eso es to-to-to- todo amigos! Ay pequeñas, ha sido un día de mil diablos. Odio a los hombres, no... no a todos, solo a uno. Pero no merece un espacio en este lugar, así que no hablaré más de ese asunto, bastante desagradable. XD Los únicos que merecen mi amor son Ringuis, Georgie, Paulie y Johnny <3 jajajaja

¡LAS AMO! no me percaté de que el internet se acabará en cualquier momento bellas, no podré responderle a cada una para conversar, como suelo hacerlo :( 

¡Pero besos a cada una de ustedes! Salma Belle, Lucy in the Sky, Lovely Cami, Vicki, Danana, y por supuesto despeinada unicornia!, bienvenida al fic bella! me alegró mucho leer tu comentario, gracias y muchas gracias, y espero verte seguido por aquí, también te mando muchos abrazos aplastantes. 

Esta semana subiré otro capítulo más, además del los comunes, porque tendré un poco de tiempo más <3 así que espero se diviertan! :3 ¡Hasta... pronto bellísimas! 

martes, 8 de abril de 2014

Capítulo 13 - *Misery*

¡Hola bellas lectoras! espero aún me recuerden, yo no me olvido de ustedes <3 y entre todo este maldito trabajo que tengo que hacer para el colegio, les subo un humilde capítulo, para que se distraigan un rato, o simplemente escuchen a The Beatles  mientras leen mis estupideces, me tiren huevos, como gusten. jajsdh

 Espero les agrade y que leer sea un buen rato para ustedes estimadas <3 

13



-Me encanta, de verdad, es como si lo hubiesen enviado del cielo con un cinto en donde el remitente diga explicito, para Rachel Smith. Cuando mueve ese cabello de lado a lado, y sus baquetas le pegan a sus tambores, es como si golpease mi trasero- Abrí unos ojos grandes al escuchar lo último -¡Ay, es tan perfecto Alice! Creo que desde ayer, y para toda la vida, soy una fans más de The Beatles, y Ringo es mi amor platónico.

“A esta no le bastó con John”.

Aplicaba crema sobre sus bronceadas piernas, un color mate tostado. Causaba envidia a cualquiera con esos muslos. Rachel era guapa, y estaba consciente de aquello. Mientras yo acomodaba una falda negra con caída libre sobre mi ceñida cintura. Tone, el manos huesudas, hojeaba una revista de modas, acomodando sus refinados gustos.

-¿Sabes algo Chelle, tesoro? Te encuentro la razón completamente. Ringo es un caramelo.

 -¿No es cierto? Lo ves, Tony me apoya.

Guardé unas píldoras bajo la almohada, y levanté la mirada.

-No lo negué en ningún momento Rach, Ringo es el beatle simpático.

-¡Já! Simpática mi abuela, es el beatle sexy, y que no se discuta- Concluyó la rubia al retirarse del espejo.

-Bien, como sea. Estoy lista, ¿vamos?

Ambos asintieron y bajamos del departamento arrendado por los chicos, un hotel un tanto dudoso. Debíamos tomar un taxi para llegar al tren. Conoceríamos Londres esta tarde, Londres y sus magníficas y pontificias edificaciones. Dicen que la capital inglesa es distinta a las demás ciudades en diferentes aspectos.

La caída del imperialismo británico estaba latente, sin embargo un nuevo imperio de imagen comercial comenzaba a surgir.

El Arte Pop está por todos los rincones y mucha, pero mucha moda, en donde la famosa Twiggy era la imagen consagrada. Y no me refiero a cualquier moda… me refiero a la famosa invasión inglesa. Yo simplemente no medía la magnitud de los hechos, no sabía realmente a los hitos que me estaba enfrentando, hasta algunos años después.

Con el dolor de mi alma, cuando recuerdo el pasado tal como ahora, me doy cuenta de mi rebuscada fortuna. Y me hace feliz, enserio lo hace, los cabos sueltos logran atarse algún día y procurar buenos finales para personas tristes como yo.

Me acomodé en mi asiento, hundiendo mi cabeza en el hombro de Tone. Me tocó afortunadamente ventana, y digo afortunada pues, siempre me gustó ir admirando el viaje desde adentro hacia afuera.

Casas y hermosos jardines eran en su mayoría, preciosos jardines. Unas esculturas al interior de una casona resistían las continuas precipitaciones, deteriorándolas inevitablemente. Parecía ser una escultura de venus, la diosa del amor. La lluvia nuevamente comenzó a caer, goteando mis apreciaciones.

-Te vas a enfriar, no quiero que enfermes con esos brazos tan delgados, ven recuéstate aquí- Me indicó un lugar sobre él, golpeándolo con palmaditas. Estiró su brazo hacia mí.

Apoyé mi cabeza sobre su tibio pecho. Sus latidos eran tranquilos, placenteros. Mis sentimientos se volcaban una y otra vez. Su suave y áspera voz cantando una canción en mi oído, casi susurrando. Me corrompía, maldita sea. Su respiración sobre mis labios, expectantes de proseguir, de dar el primer paso importante. Y sus ojos, cielos… son alargados y terminan en una especie de lágrima, su parpado inferior se encuentra unos mini centímetros más arriba que lo normal, y su nariz alargada  y puntiaguda roza la mía de una manera tan encantadora.

Sus manos sobre mis caderas, me sentía casi como una guitarra a su disposición, en donde el genio podía tocar las melodías más impresionantes, dejándome atónita.

“Sadie, ven conmigo…”.

Desperté de un golpe en las costillas. ¿Cómo se te ocurre soñar tal barbaridad tan mundana Alice?

-¿Todo en orden?- Chelle me miró con una expresión preocupada, ¿alguna vez has mirado a un compañero de clases intentando copiar las respuestas, mientras es descubierto por el superior encargado? Bien, acabas de figurarme.

Limpié el costado de mis labios. Está bien, hay secretos que nadie sabe aún, secretos que ni siquiera yo puedo ratificar, pero este sin duda es uno de los más vergonzosos y creo que ya te puedes percatar. Salivo al dormir, sobre todo cuando estoy placenteramente cansada, ¿placentera?, sí, es que dormir cansada es aún mejor.

-Mejor preocúpate de tus asuntos.

La rubia sabe que bromeo, simplemente responde con una típica sonrisa burlona.



-0-


-No puedo creerlo…- El beatle pequeño sostenía una revista entre sus manos.

-Yo tampoco amigo mío, pero sí, lo logramos.

Paul abrazó a George mientras palmaba su espalda. El Village Voice realizaba una crítica positiva sobre la película. A Hard Day’s Night sonaba de buena manera en la prensa internacional, y la forma en que la fama y el dinero llegaba a nuestras manos era abrumadora.

Pero había muchas cosas en mí que no calzaban perfectamente. Aspectos de mi vida algo borrosos, y que particularmente no hablamos estos días. Jamás mencioné algo sobre Julian, tampoco de Cynthia, simplemente no es necesario, es un capítulo que deseo borrar de mi alterada vida. Alterada porque, los cambios en ella ameritan un receso. Un momento en el cual necesito sentarme, y analizar los sucesos, de una forma cronológica.

Cynthia y yo pudimos ser grandes. Debo mencionar que sí hubo amor, alguna vez existió una conexión entre esa chica de espíritu introvertido y mi zafada cabeza. La escuela de artes nos juntó, allá en el norte del mundo.

Cuando se marchó, intenté seguirla. No me aflijo porque, dicen que cuando realizas todo lo que está al alcance de tus manos para conseguir aquello que anhelas, no es necesario el sufrimiento posterior. Pues las posibilidades se agotaron.

El pequeño indefenso yacía en los brazos de la madre de la joven. El hospital de Liverpool es tan oscuro y sombrío como cualquier centro psiquiátrico, la oscuridad es predominante. Quizás es porque siempre fue una ciudad triste… quizás sigue siendo una ciudad triste, entre todas esas embarcaciones que vienen y van, entre esa lluvia que me aborrece en invierno y verano, primavera y otoño. Y en todos esos recuerdos nublados de dolor que sigo guardando dentro de mí. Mis canciones también son parte de aquello.

Llorar está en la naturaleza del ser humano, sin embargo, es difícil que esa naturaleza coincidiera conmigo. Suspiré para calmar los nervios, arreglé mi cabello con el peine de bolsillo, luego lo deposité en mi chaqueta de cuero, Mimi sabía cuánto me gustaban esas cosas, me regaló uno para mi cumpleaños ese año.

-¿Ya está, cuanto más tardará?

Pregunté a una de las enfermeras.

No me dejaron ingresar a la sala de parto, pues no era esposo de Cynthia. Las legalidades eran y siempre serán una significativa en la familia Powell, el padre de la muchacha era tajante en sus decisiones, a toda costa debíamos casarnos… yo por supuesto no estaba interesado en eso, mi banda es el centro del universo en ese momento, el momento preciso en donde comenzamos a surgir de las tinieblas del pueblo costero.

Los nervios recorrían mi cuerpo desde arriba hacia abajo, de derecha a izquierda. Quería fumar, necesitaba fumar… “pero que dirán de mí, quizás me despachen por desadaptado… desde cuando un padre… ay dios, a la mierda” Prendí el cigarrillo de tabaco.
Aspiraba y exhalaba hasta consumir por completo el humo, en medio de ese sombrío lugar. “Algo ocurre… algo no está bien”.

¿Qué mierda significaba tener un hijo? Nunca tuve la menor idea. Jamás fui hijo, así que difícilmente sabré de qué se trata la conflictiva. El Lennon viejo se marchó, dejándome con la hermana de una madre que ni siquiera tenía las agallas. Pero a Julia no la culpo, juro que la amo.

“Pero ya he madurado lo suficiente… ya tengo que hacerme cargo de lo que ocurre. Después de todo, McCartney dijo que me cubriría si es que no puedo llegar esta noche. The Cavern debe estar lleno ya, van a ser las diez…” Aspiré de nuevo el humo. Una señora de cabellos blancos, comenzó a toser en el momento en que respiró el gas desprendido.

-Lo siento- Inquirí, y apagué el cigarro en el suelo, unas baldosas de color blanco brillante. Volvió a toser, reiteradamente. Estaba a punto de explotar de nervios, “¿por qué rayos no se calla?” los pelos de punta, mis manos sudadas, el tic tac del reloj de la sala de espera me volvía loco. “vas a ser papá… vas a ser papá… vas a ser…”.

Los chillidos se escucharon en todo el pasillo del hospital. El padre de la joven, que se encontraba al otro lado de la sala, me miró con una expresión tan llena de sentimientos, con un cierto orgullo detrás de esa masa de aspecto frío e irrompible, una mirada gentil.

En ese preciso momento supe, que quería ser padre. Fue el momento en que decidí que lo que estaba ocurriendo me hacía completamente feliz, y que el ser que aterrizaba en este planeta me pertenecía. A ella y a mí, a mi amor, Cynthia.

Acepté la noticia con todas las ganas y fuerzas del mundo, el miedo y la abulia que me inundaba parecía haberse esfumado. Ahora todo estaba bien dentro de mí, las nubes se habían esfumado al fin. Seríamos felices, estaba dispuesto a hacerlo todo, una familia junto a ella… estaba dispuesto a dejar a Paul, a George y a Pete, “Que se consigan otra guitarra, yo tengo mi hijo y responsabilidades”. Comencé a planificar como juntar el dinero para comprar un anillo a Cynthia, tan benévola y dichosa con el vástago entre sus brazos, se merecía lo mejor de mí.

 Pasaban los segundos incesantes, necesitaba entrar y sostener a mi hijo, besar a mi novia y reconfortarla. El padre de la muchacha comenzó a hacer preguntas, a las cuales nadie contestaba.

Los minutos se volvían eternos.

-¿Por qué no puedo verla? Necesito entrar, es enserio…- Inquirí mientras la enfermera lucía con cierta preocupación.

-Lo siento, aún no podemos permitirle el acceso.

“¡Que mierda!” Estaba cayendo justo al lado del borde de la locura. La adrenalina llegó hasta mis brazos, una corazonada comenzó a bombear sangre hacia cada rincón de mí. Despaché a la enfermera que se encontraba en la puerta de entrada de la sala de parto y abrí la puerta de un golpe estruendoso.

El bebe yacía en los brazos de la madre de la joven, mientras lloraba desconsoladamente. Ambos lloraban.

Caí sobre mis rodillas. El mundo entero se destruyó para mí, la vida se esfumó de mis manos. 

El sueño se acabó en menos de un segundo, un gran dolor se apoderó de mi cabeza en ese momento.

Sin respirar, me acerqué a su pequeño cuerpo, sus diminutos miembros. Sus ojos se apretaban con fuerza, soltando grandes sollozos. Su cabeza desnuda era de tacto suave, tan suave.  Sus manos rodearon mi dedo índice al posar este sobre estas, las diminutas señales de vida en esta habitación tan llena de dolor.

-Lo sentimos señor Lennon, la joven no logró soportar. Hicimos todo lo que pudimos, mi más sentido pésame.

El maldito doctor se retiró de la maldita sala que decretó el final de esta historia. Maldita la hora en que decidimos tenerlo, maldito el momento en que dejó de respirar… Maldigo al inepto destino que la retiró de mis brazos.

Intenté seguir a la joven, librarme de este saco de células que me ataban allí. En una de estas noches frías en el barrio rojo de Liverpool, me ahogué en alcohol. Tocamos hasta las seis de la mañana, entre borrachos y prostitutas.

-Esta noche ha sido muy dura para mí- Los demás músicos me miraron extrañados.

Estaba interrumpiendo la rutina habitual. Un grupo de borrachos comenzaron a quebrar unos cuantos vasos en el mesón, la gente hablaba y reía sin prestar atención.

-Hoy falleció mi novia, falleció mientras mi hijo llegaba al mundo.

McCartney casi sufre de un ataque y me miró con una expresión indescriptible. Harrison casi deja caer su guitarra sobre sus pies, mientras Pete simplemente se atiene a las mismas actitudes.

Nadie prestó atención a lo que hablaba. Las putas continuaban seduciendo a los barbones de verdes billetes, y los solteros continuaron bebiéndose las penurias.

-Sin embargo, esto me hará más fuerte. Le prometí a mi novia que seríamos más brillantes que Elvis, le prometí que brillaría en cada rincón de este puto planeta, y que haría las cosas bien…- Un hombre aventó un trozo de vidrio trizado hacia nosotros, el cual calló por suerte al suelo antes de estrellarse. –Y es justamente lo que haré el resto de mi vida. Where are we going fellas?

-To the top Johnny!

-Where is that fellas?

-To the toppermost of the poppermost!

-Right!

Saqué mi voz desde lo más profundo de mi alma. Todas las personas se levantaron de sus asientos y comenzaron a danzar al son de nuestra música. Las guitarras de rock & roll potentes dentro de mi tristeza.



-No volví a ver a Julian desde entonces. Dicen que estuvo al cuidado de sus abuelos todo este tiempo...

-Eres una persona fuerte John, yo jamás te he dicho esto pero… yo te admiro realmente- Paul hizo una pausa y fumó de su cigarro- Viviste tantas cosas, tan joven y… aún sigues con todas las energías de realizarlo, de alcanzar el sueño que nos propusimos esa noche ¿recuerdas? Estábamos en casa de Mimi, y tu tía ya quería ir a la cama, entonces yo tomé por última vez la guitarra y comencé a tararear algo, entonces tu dijiste, “¿hey, eso es tuyo o qué?”, y yo pues, simplemente continué tocando la melodía que había creado. Pasamos la noche entera, mis dedos estaban rígidos de tanto presionar las cuerdas, creo que bebimos cerveza, hasta que la canción estaba terminada… ¿recuerdas cual era?

Negué con una sonrisa, podía notar la emoción en la mirada del muchacho.

-Hello Little Girl, esa fue la canción- Entonces me devolvió la sonrisa. ¿Cómo hacía para hacer desaparecer mi rabia en un par de segundos? No quería estar molesto con él, no podía seguir de esta forma.

-Hey, el otro día casi te nos vas con el golpe que recibiste en tu cara de niño bonito- inquirí en tono burlesco, el muchacho sonrió ante aquello con gracia, haciendo un gesto de negación.

-Está bien Johnny, bastaba con un lo siento…- Sonrió y volví a mi compostura. Carraspeé un poco mi garganta antes de hablar, que molesto es pedir disculpas.

-Lo siento Paul, no debí golpearte… y tú tampoco, no te libres tan fácil, merezco una disculpa-

Las cosas volvían a la normalidad. A este maldito bastardo lo podría llevar hasta el final del mundo, simplemente para tener la mejor compañía del universo entero.



-0-

Después de haber caminado más de diez cuadras, haber tomado cinco veces el autobús para movilizarnos, y de terminar de ocupar todo el dinero que llevábamos, decidimos volver a casa. 

Tony estaba completamente feliz con todo lo que había visto, todas las vitrinas que recorrió y el calzado italiano que compró… hasta cigarrillos adquirió para revender en Estados Unidos, allí en esos bares en que frecuenta los consumen bastante y lograría una buena venta de contrabando, además de los jóvenes universitarios, esos fumaban como desquiciados.  

Si hablamos de mí percepción, Londres era una ciudad de ensueño. Toda la historia que conlleva a esta ciudad a ser bella, era petrificada en estas paredes de antaño. Tomé un par de fotografías, castillos… el Palacio de Buckingham, me emociona la idea de subirme al gran ojo. Es bastante caro tener una de estas cámaras fotográficas instantáneas hoy en día, y el dinero no me sobra en absoluto, pero Tony auspicia muchas de mis aspiraciones. Anthony Ferrer es como un hermano para mí, mi único hermano.

En cambio Rachel, no estaba conforme. La joven quería salir de fiesta esta noche, como de costumbre. “Algún día, tal como las náuseas terminarán con mi maldita vida, la noche terminará con mi amiga”. No me entusiasmaba mucho la idea, caminamos bastante. Cuando pequeña, en la escuela de señoritas teníamos clases de ejercicios físicos, jamás lo lograba, siempre me quedaba a la mitad. Fue más de lo que puedo soportar, pero en fin.

Sí, acepté el desafío.

-¿A qué hora pasarás por nosotros? Digo tú porque, nosotros no tenemos chofer privado aún, estamos haciendo los contactos…- Inquirió la rubia.

-Shh, habla más bajo ridícula. No quiero que piensen que me aprovecho del joven o algo por el estilo. Bien, hablaré con Paul e intentaré llamar al hotel, ¿les parece?

Ambos asintieron y siguieron su camino hasta el hospedaje de dos estrellas que lograron conseguir, de todas formas era central, esto lo hacía un poco menos terrible.

-No me gustan los sitios de pijos, así que dile a tu novio que no se asuste si te llevamos a una caverna…- Guiñó un ojo y despareció de mi vista entre la multitud.  Já, como si Paul nunca hubiese estado en una caverna… es más, allí fue justo donde nació.

Llegué al departamento, al menos ahora no necesitaba realizar un millón de trámites para pasar por mi hogar tranquila. Abrí la manilla de la puerta principal, giré la llave tres veces, como tenían asegurado, e ingresé.

El departamento era tan sombrío si es que no había nadie más dentro de él. Me sentía como un personaje de una serie de televisión famosa en esa época, una en que el tema futurista era central… ¿cómo se llamaba?, ¡los supersónicos!

Lucían todos los colores tan planos, diseños geométricos, y lujos por doquier. Estaba sola… completamente sola, en esa cosa tan tenebrosa. ¿Qué podía hacer? Ni siquiera estaba el personal de Paul habitual, “¿para qué habrá querido mantener la privacidad? Ay Alice, no te hagas la tonta esta vez, bien sabemos lo que pretende”.

Comencé a investigar, me aventé a la aventura. Y digo aventura, porque este lugar parecía no tener límites. El tiempo transcurría rápido, y yo simplemente hacía de intrusa entre todos esos objetos ambiguos y fascinantes.

Sentí un fuerte rugido proveniente de mi estómago. Me asusté por un segundo… luego volví a respirar. Mis manos comenzaron a sudar, y el hambre era insaciable… una sensación de vacío inexplicable, en donde el aire dentro de mi estómago era lo único que poseía cierto volumen.

“Me arrepentiré de esto luego… por ahora será suficiente”. Abrí la despensa y me encontré con una infinidad de enemigos acechándome tristemente. Tomé una barra de chocolate, y la procesé en dos segundos.

No me sacié en absoluto, quería más, necesitaba comer cada migaja que fuese posible. Estaba desesperada, con las manos tilingas de ansiedad, con una expresión fuera de lo normal.

Ingerí, tragué y mastiqué todo lo que pude, todo lo que estaba a mi alcance paso por mi débil estómago. Estaba frágil, mi respiración resonaba en toda esa sombría y oscura habitación que me llevaba directo al tren de la locura. Una manía insaciable y malditamente continua.

El siguiente paso lo realicé en al menos un par de horas. Me preocupé de despojar cada sentimiento de culpa dentro de mis caderas, “mis anchas caderas… mierda”. Palpé mi cuerpo con desesperación.

Saciada, y completamente vacía, otra vez.


 Me recosté en el piso del baño, la baldosa fría bajo mis muslos rozaban a través de mi falda negra. Me daba asco, sufrir así, de esa forma tan cobarde. Me avergonzaba pensar que alguien me viera en este estado…

-Si tan solo supieran, si supieran…


-¿Sadie?





¿Quién era ese? jajajja bueno, ustedes infieren ahí, se los dejó a su propia imaginación.

Quise matar a Cynthia... no tengo nada en contra suyo, pero es que ash, es molesta, no se podía entrometer en nada así que... no se me ocurrió nada mejor que hacer sufrir al Johnny, pero prometo buenos vientos para él. XD

Dana banana: ¡Amelie! désolé cher, Je vous promets que ce sera plus la prochaine fois :( Créditos a traductor google. Los culpo a ellos de cualquier error ortográfico. YO LE AMO! <3

Belle Salma: ¡Aquí tienes otro capítulo querida! ojala te haya gustado! Que bueno que te sorprenda! prometo que me esmero en escribir  un capítulo XD aunque no salgan tan buenos jajaj pero de todas formas, motiva mucho que digas que estarán tus comentarios por aquí! enserio, un beso <3 y sube pronto!, yo también me alegro cuando sale un capítulo tuyo en mi inicio.

Lucy in the sky: Querida Lucy! aquí otro capítulo, ojala te haya agradado este también! tienes razón, polma es el ser mas adorable del universo! <3 Ya tengo lista la pancarta para Paul en Chile, para que sepas, así dile a ese Dylan que se mueva con el LSD jajajja un beso <3 y sube también, todas esperamos con ansias esos one shots! pero con paciencia, por supuesto, que nadie apura :3

Lovely Cami: Gracias por comentar querida! aquí otro capítulo, espero te guste! un beso <3 y ay ese gift, me mata! jajajaj lo hice yo (? no me aguanté al ver ese video.

SALUDOS A TODO EL MUNDO TAMBIÉN, solo me falta decir eso... ¡PAZ MUNDIAL!. 
Pd: El fondo pasó a de ser psicodélico, a drogado/dopado... es que ahora experimenta con drogas más fuertes. 

LAS ADORO <3